¿Por qué me cuesta tomar decisiones?
- Mireia Font Becerra
- 29 may 2025
- 2 Min. de lectura
¿Te has encontrado alguna vez paralizado/a ante una decisión aparentemente sencilla? ¿Te bloqueas cuando tienes que elegir entre dos caminos? Muchas personas llegan a consulta diciendo: “sé que tengo que tomar una decisión, pero no puedo”, “tengo miedo de equivocarme”, “doy tantas vueltas que al final no hago nada”. y preguntándose "por qué me cuesta tanto tomar decisiones". A veces nos culpamos por no decidir, sin darnos cuenta de que a veces detrás de esa dificultad hay procesos internos profundos que merecen ser mirados con respeto y comprensión.

Desde una perspectiva psicológica, entendemos que la dificultad para tomar decisiones no es solo un problema de indecisión o inseguridad. En muchos casos, está relacionada con la historia emocional y los vínculos que han marcado nuestro desarrollo. Decidir implica asumir una pérdida (lo que no elijo), tomar responsabilidad (lo que elijo), y conectar con el deseo (lo que realmente quiero). Y todo eso puede remover partes de nosotras que han aprendido a adaptarse, a complacer, a no molestar o a no sentir demasiado.
Hay personas que han crecido en entornos donde tomar decisiones no era algo permitido o validado. Donde había que adaptarse al deseo del otro, anticipar necesidades ajenas, o cumplir expectativas familiares. En esos casos, decidir por una misma puede vivirse como un acto de deslealtad, como algo que genera culpa o incluso miedo al conflicto o al rechazo. También puede haber un mandato interno de perfección, que hace que cualquier decisión tenga que ser “la correcta” y que el error sea vivido como algo intolerable.
Además, el no saber qué uno quiere, muchas veces no es falta de capacidad, sino consecuencia de haber estado mucho tiempo desconectado del propio deseo. Si aprendimos a sobrevivir adaptándonos, puede que ahora tengamos que hacer un trabajo profundo para recuperar esa voz interna que sabe lo que necesita. En este sentido, el bloqueo no es algo que haya que forzar o empujar desde fuera, sino que requiere un acompañamiento que permita ir haciendo espacio para escuchar(se), validar(se) y confiar.
Decidir no es simplemente elegir entre A o B. Es poder sostener lo que esa elección implica emocionalmente. A veces necesitamos revisar creencias, miradas heredadas, o heridas antiguas que se activan ante ciertos escenarios. La terapia puede ser un espacio valioso para ir desenredando esas capas, y recuperar una relación más libre y compasiva con la toma de decisiones.
Si te sientes bloqueada o perdida ante decisiones importantes o cotidianas, quizá no se trate solo de encontrar la respuesta correcta, sino de acompañarte a construir un lugar interno desde donde poder elegir.




Comentarios